Sala de llegadas del Aeropuerto

Hoy he tenido la suerte de ir a recoger a una persona querida al aeropuerto. He recordado cuanto me gusta la sala de llegadas. No importa la nacionalidad, raza, religión o apariencia de los que vienen y los que lo reciben. Siempre te encuentras con muchas sensaciones, sentimientos y estados de ánimo diferentes en un espacio muy breve de tiempo y, además, casi todos muy positivos.

Quizás los peores momentos son cuando el avión en el que llega esa persona especial (si no lo fuera, no estarías alli esperandol@…) todavía no ha aterrizado. Prisa, aburrimiento, incluso temor en algunos casos. Pero llega el momento en el que el panel de información hace “click” y el estado del vuelo pasa a “en tierra”. De pronto todo es actividad, nervios, energía, como si los pasajeros fueran a salir en el mismo momento en que el avión toma tierra!!. Ahora la espera, de pie, atento a la puerta de salida de pasajeros, ¿Estará en el control de pasaporte?, Seguro… hay mucha gente esperando por lo que el avión debe venir llenísimo. ¿Tanto tardan en salir las maletas?. Durante los 40 minutos en que las personas reunidas frente a la puerta de llegada están de pie, con el cuello estirado esperando ver abrir la puerta y encontrarse con su ser querido, puedes observar las dierefentes causas de su espera. Parejas de novios, de casados, de mayores. Hermanos, padres y buenos amigos. A veces familias enteras, todos discutiendo sobre quién va a abrazarle primero, el tiempo que hace que se fue. Ramos de flores, regalos, mascotas.

Y llega el momento en que se abre la puerta y empiezan a salir los primeros pasajeros. La cara de quien espera se ilumina, los ojos bien abiertos y buscando el sitio en el que pueda ver mejor el momento en que salgan por la puerta. Las más atrevidas gritan y corren cuando sale su ser querido, los más tímidos caminan apresuradamente a entregar su afectoso abrazo. Abrazos… abrazos, besos, algunas lágrimas, cómo no. Emoción para todos y a raudales. No ves una mala cara, un mal gesto. Todo son, al menos, sonrisas…

Lo dicho, creo que es uno de los lugares más felices de los que podemos encontrar en nuestra vida cotidiana. Ese, y la bolera…
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5 Responses to “Sala de llegadas del Aeropuerto”

  1. Nela says:

    Queria que supieras que en el avion las personas tienen las mismas emociones, el avion aterriza y todos quisieran salir rapido de el, la emocion de reencontrar a alguien especial te hace latir el corazon mas rapido y la ansiedad se apodera de la mente, las muchas horas de vuelo y el cansancio desaparecen al saber que recogiendo el equipaje y cruzando una puerta la ansiedad se vuelve alegria por que esta frente a ti.

    Si tu vas al aeropuerto por alguien especial yo volaria muchas horas para estar tambien con una persona tan especial..

    Nela

  2. Carmen says:

    Que vida mas idílica pareces tener, es envidiable. Tu visión de la vida es perfecta. Enhorabuena!. Que será lo proximo que plasmes en este magnifico blog??…

    Carmen

  3. Luna says:

    ¿Te gusta la sala de llegada del Aeropuerto Pudong de Shanghai?
    ¿Quieres que nos viéremos allí el 1 de maya?
    jejeje…

  4. Paco says:

    Pues sí, la verdad es que yo también me he fijado bastante en eso que comentas. Pero, vaya paradoja, en la otra zona del aeropuerto las sensaciones son contrarias: pena, nostalgia, miedo, desconsuelo… Son las dos caras de la misma moneda: ¡la vida!

    Un abrazo,

    Paco Montero (Jr.)

  5. Cristina says:

    Hola, hermanito, qué dulce lo que has escrito. Te añado un extracto del Principito que tiene relación coon tu texto:

    -Acércate…, ven a jugar conmigo-propuso el principito- Estoy tan triste!…
    -Jugar contigo? No…, no puedo-dijo el zorro- Aún no estoy domesticado.
    -Has dicho “domesticar”? Qué significa “domesticar”?
    -Ah!…, es una cosa muy olvidada-respondió el zorro-
    Significa “crear lazos”.
    -Crear lazos?-preguntó el principito.
    -Así es-confirmó el zorro- Tú para mí, no eres más que un jovencito semejante a cien mil muchachitos. Además, no te necesito. Tampoco tú a mí. No soy para tí más que un zorro parecido a cien mil zorros. En cambio, si me domesticas…, sentiremos necesidad uno del otro.
    Serás para mí único en el mundo. Seré para tí único en el mundo…
    -Creo que empiezo a entender-dijo el principito- Hay una flor… Creo que me ha domesticado.
    -Mi vida es algo aburrida. Cazo gallinas y los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen como también los hombres se parecen entre sí. Estoy seguro que…, si me domesticas mi vida se verá envuelta por un gran sol. Podré conocer un ruido de pasos que será bien diferente a todos los demás. Mira! Puedes ver allá a lo lejos los campos de trigo? Yo no como pan, por lo que los campos de trigo nada me recuerdan. Es triste! Pero tú tienes cabellos de color oro. Cuando me hayas por fin domesticado, el trigo dorado me recordará a ti. Y amaré el sonido del viento en el trigo…
    El zorro en silencio, miró por un gran rato al principito.-Por favor… domestícame!-suplicó.
    -Lo haría, pero… no dispongo de mucho tiempo-contestó el principito. Quisiera encontrar amigos y conocer muchas cosas.
    -Sabes…? Sólo se conocen las cosas que se domestican-afirmó el zorro. Si realmente deseas un amigo, domestícame!
    (…)
    Fue así como el principito domesticó al zorro. Pero al acercarse la hora de la partida:
    -Ah!-dijo el zorro- Voy a llorar.
    -No es mi culpa-repuso el principito- Tú quisiste que te domesticara, no fue mi intención hacerte daño…
    -Sí, yo quise que me domesticaras-dijo el zorro.
    -Pero dices que llorarás!
    -Sí-confirmó el zorro.
    -Ganas algo entonces?-preguntó el principito.
    -Gano-aseguró el zorro- por el color del trigo.

    Antoine de Saint Exupery.

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